Uno puede influir en otros pero nadie puede obligar a cambiar a nadie.
Esto es así de claro.
Se puede uno acercar a un núcleo de población más o menos
grande o pequeño , dada siempre las circunstancias que pueden
circunscribirse a la persona que genera la irradiación pero el
que decide finalmente es el individuo.
Uno articula la música ,la letra, la canción, los espacios , un
escenario , esto es influencia finalmente en un público
reducido , aunque seas premio Nobel , y este público
decido por él en su propia intimidad.
Ahora se desarrolla un teatro callejero con estatuas, esto
en la gente no influye en nada en sus propias vidas, para
que articulen otra forma de pensar , de sentir , de vivir,
apoyándose en el otro ser humano y queriendo al otro
quizás más que así.
Hoy estamos muy lejos de esto.
Sin embargo, llamó teatro callejero
porque finalmente es así , no es algo que vaya a producir
un cambio profundo en las mentes humanas.
Cada vez hay más representaciones teatrales externas
sobre un fenómeno religioso nada religioso porque
cada vez las generaciones están más vacías.
Por supuesto esta procesión no es para nada la
esencia y el estudio disciplinado del mensaje.
Unos y otros se dejan llevar por algo que pareciera
que les da cierto protagonismo , justificación y recibir
algo más.
Se sigue y se continua viviendo una comedia.
¿ Cuanto más se llegará la humanidad a resistir al cambio ?
¿ Cual es el real sentido de la vida y porque uno vive ?
Ese es asunto a dilucidar.







