He aprovechado mi estancia en Sevilla para darme un garbeo por Cádiz a fin de conocer el nuevo puente de la “Pepa”, charlar con los viejos amigos y comer manteca “colorá”. Se me ha caído al alma a los pies cuando he visto el calamitoso estado institucional en que se encuentra la “Tacita de Plata” después de las últimas elecciones municipales y la entronización como cabeza del Ayuntamiento del troskista-podemista José María González Santos, a) “Kichi”.

 

Nombramiento de Kichi como Alcalde pese a no haber sido el concejal más votado

 

De mi época de estudiante en el Colegio de San Felipe Neri a principios de los años 50, recuerdo una popular copla del Carnaval, cuyo estribillo era el siguiente:

            “Ja, ja, ja, ja, ja. Que gracia tiene este cuplé.

            Ja, ja, ja, ja, ja. Que se ríe hasta el mismo Moret.

            Ja, ja, ja, ja, ja. Lo sentimos tan sólo por Usted,

            que a causa de tanta risa se pueda descomponer”.

            No creo que ni al bueno de Don Segismundo ni al sin par pueblo gaditano le queden muchas ganas de reír, sino más bien, descompuesto, de llorar ante una situación que no se merece una ciudad milenaria, culta y liberal como la antigua “Gades”, aunque sus vecinos se lo hayan ganado a pulso con su libérrima decisión. Reza el refrán que “sarna con gusto no pica”, pero más de uno se está arrepintiendo ahora de su frivolidad electoral. Las últimas elecciones municipales fueron ganadas por los pelos por la veterana Alcaldesa del PP, Teófila Martínez, con 10 concejales, seguida de cerca por “Cádiz, Sí se Puede” –coalición de extrema izquierda liderada por “Podemos” (Ps)- con 8, el PSOE con 5 y “Ciudadanos” (Cs) y “Ganemos Cádiz” -alianza de Izquierda Unida y “Equs”- con 2 cada una. Reeditando el poco edificante precedente del “Pacto de Tinell” y del antiguo Gobierno “arco iris” de Baleares, las fuerzas perdedoras se coaligaron contra el PP para impedir que gobernara el partido más votado y, el 13 de Junio de 2015, eligieron Regidor a quien encabezaba la lista del segundo partido de la villa, el inefable y carnavalero Kichi. Carecía y carece éste de un plan para administrar la ciudad y hasta la fecha ha prodigado más los gestos provocativos que las medidas de gestión, a fin de dejar constancia de su izquierdismo, su republicanismo y su talante antisistema, y para escandalizar a los burgueses. Una de sus primeras decisiones emblemáticas fue sustituir el retrato del Rey que presidía su despacho por el del ex-Alcalde anarquista de la I República, Fermín Salvochea.

Personalidad del nuevo Alcalde

 

            A sus cuarenta primaveras, González Santos es una persona supuestamente culta, que se licenció en Geografía e Historia por la Universidad de Cádiz, tras 7 años de intensos estudios, y sacó las oposiciones a una cátedra de Instituto en su especialidad. No parece, sin embargo, que le entusiasmara la docencia, pues –nada más incorporarse a su puesto en Tabernas (Almeria)- sufrió una depresión y estuvo dos años de baja, al término de la cual se hizo liberado del sindicato asambleario Ustea. No sé que aprendió de Historia durante su largo período universitario, pero el pasado 12 de Octubre unió su voz a la de su colega y correligionaria Ada Colau para condenar el genocidio cometido por los conquistadores españoles en América, ya que –a su juicio- “nunca la descubrimos, sino que masacramos y sometimos a un continente y a sus culturas en nombre de Dios”. Esta opinión era compartida por su pareja -la Secretaria General de Ps en Andalucía, Teresa Rodríguez-, para quien “la fiesta nacional debería celebrar la liberación propia y no la esclavitud de otro”. ¡Familia que desbarra unida, permanece unida!. En su obsesión indigenista, Kichi ha criticado acerbamente a dos de las mayores empresas inversoras en Andalucía, Teléfónica y Abengoa, por contribuir a la deforestación de las selvas amazónicas. Tiene bemoles proferir semejantes descalificaciones en la ciudad que tuvo el monopolio del comercio y del transporte con Hispano-América , y que de siempre ha estado íntimamente vinculada a ella.

            Su intención es provocar haciendo declaraciones altisonantes y tomando medidas controvertidas al margen de la legalidad que encarna en su calidad el máximo representante de la villa. Los temas municipales no se discuten ya en el Ayuntamiento sino en la calle, donde celebra asambleas públicas en las que participan sus forofos y seguidores. En una de ellas, un parado en exaltación etílica lanzó graves insultos contra la Policía y la Guardia Civil, en medio de las sonrisas picaronas del baranda municipal, que no hizo nada para hacerlo callar y se negó a pedir disculpas a los ofendidos. Otro de sus “shows” mediáticos fue tratar, junto con sus ediles, de parar la realización de un deshaucio decidido por la autoridad judicial, ante el estupor de sus guardias municipales que no sabían a qué carta quedarse. Pese a gobernar en minoría, toma decisiones arbitrarias al margen de la legalidad, especialmente en el ámbito de la contratación –por ejemplo, ha nombrado a dedo “asesores” a 13 de sus colegas antisistema no suficientemente cualificados-, y dejado de adoptar las medidas necesarias para la ejecución de proyectos financiados por la Comunidad, el Estado o la Unión Europea, con la consiguiente pérdida de las subvenciones. Los funcionarios hablan de caos en el Municipio porque ”no sabe lo que se trae entre manos”. El portavoz del PSOE, Fran González –principal responsable de la investidura de Kichi-, se ha lamentado de que éste no le haga maldito caso. Podía haber pesado antes las consecuencias de elegir a un irresponsable y, ahora, que cada palo aguante su vela en la marinera Cádiz.

Con la Armada hemos topado, Kichi

 

            Hablando de mares, notorias y esperpénticas han sido las actuaciones de Kichi en relación con los buques-escuela que han visitado últimamente Cádiz, de las que se hicieron amplio eco la prensa local, nacional e internacional. Cuando el “Juan Sebastián Elcano” regresó en Julio a su base del Arsenal de la Carraca, tras su anual crucero transoceánico de instrucción de los guardiamarinas españoles, el Alcalde se presentó a la recepción ofrecida por el Almirante de la Flota, Santiago Bolívar –en la que todos los oficiales iban “de punta en blanco” con sus uniformes de gala- vestido con pantalones tejanos y camisola por fuera, y calzado con unas chanclas. ¡De vergüenza ajena!.

            Más grave fueron los incidentes con motivo de la visita de cortesía realizada en Octubre por el buque-escuela alemán “Gorch Fock”. Poco después del nombramiento de José María González, el Cónsul Honorario de Alemania en Cádiz –que tenia concertada una cita previa con la anterior Alcaldesa- acudió a ella con la intención de felicitar al nuevo Regidor y tratar de la visita del buque al puerto gaditano. Estuvo esperando hora y media y, cuando advirtió a una Secretaria que se marchaba y ésta fue a informar al Alcalde, a través de la puerta entreabierta se oyeron palabras desagradables sobre Alemania y su Presidenta de Gobierno. Según “Libertad Digital”, fueron las siguientes:”Decidle a esa nazi de la Merkel que se vaya a hablar con Rajoy”. El “Diario de Cádiz” informó de que se oyeron palabras ofensivas sobre Merkel y su país, aunque sin citarlas expresamente. Según otras fuentes, lo que se escuchó fue “que la Merkel se lleve a otro sitio a sus puñeteros barcos”. No hay, sin embargo, constancia fidedigna de que las palabras que se escucharon fueran pronunciadas por Kichi. El Cónsul se retiró ofendido e informó a su Embajador y el Gobierno alemán consideró la posibilidad de desviar la escala del “Gorch Fock” a otro puerto andaluz, pero, al final, prefirió pasar por alto la ofensa y se mantuvo la visita. Ni González Santos, ni ningún miembro de sus equipo, visitaron el buque o asistieron a la recepción oficial ofrecida por su Comandante a las autoridades locales. Preocupado por las noticias difundidas por los medios de comunicación y los comentarios desfavorables que circularon por la ciudad, Kichi trató de quitarle importancia al asunto y llegó a afirmar que no había constancia de que el Cónsul alemán hubiera estado en el Ayuntamiento, pues que su nombre no figuraba en el Libro-Registro de Visitas, pero –contradiciéndose a sí mismo- le envió una carta para excusarse, no por los supuestos a agravios su país, sino por haberle dado un plantón de hora y media. Reiteró “urbi et orbe” que nadie en la Alcaldía había proferido palabra alguna en contra de Alemania.

            Completó su triple esperpento naval con ocasión de la visita de cortesía del buque-escuela de la Armada chilena “Esmeralda”. Kichi recibió en su despacho al Embajador de Chile, Francisco Marambio, y al Comandante de la nave para informarles de que ni él ni ningún miembro de su equipo municipal subirían a bordo porque el buque era el símbolo del “asesinato de la democracia y no sólo en Chile” por su pasado como centro de detención y torturas durante la dictadura de Pinochet, y porque era importante “no perder la memoria, ni mirar hacia otro lado”. El portavoz del PP en el Ayuntamiento, Ignacio Romaní, comentó que el buque había sido enviado por el Gobierno democrático de Chile como embajada de buena voluntad, y afirmó que, con sus gestos, el Alcalde había ofendido al Chile libre de Michelle Bachelet -hija de un General represaliado por Pinochet- en vez de a éste, y a Cádiz, una ciudad que siempre había mimado sus relaciones con la América democrática.

El regidor gaditano distribuyó con ecuanimidad sus improperios y exabruptos entre países con Gobiernos de derechas –como Alemania- y de izquierda –como Chile-, guardando la debida equidistancia con sus necedades. Esta lamentable actitud ha acarreado consecuencias negativas para la ciudad, no sólo en el plano moral por el desprestigio provocado, sino también en el económico. Tras el incidente, el turismo alemán a Cádiz descendió de forma notable –se habla de hasta el 30%-, un lujo que no se puede permitir una provincia que, con el 42% de paro, tiene la tasa más elevada del mismo en España y en Europa. ¡Las gracietas del Kichi, ea!. El antiguo Presidente de Uruguay, José Mújica –notorio izquierdista-, ha reconocido que “la patología de la izquierda es el infantilismo”, y su acertada frase viene como anillo al dedo al edil gaditano. El Kichi –miembro de la comparsa “Jesús Bienvenido”- ha trasladado su personalidad chirigotera a la vida real y se ha convertido en un muñeco del retablo de la Tía Norica y en un histrión al estilo de Beppo Grillo -aunque sin la gracia del político italiano-, pero no, no “se puede” –ni se debe- hacer de Cádiz una chirigota o un caricatura. Estoy seguro de que el pueblo gaditano –que sabe reírse con gracejo hasta de su propia sombra- ya le ajustará las cuentas al personaje en los próximos carnavales. Parafraseando una de las famosas soleares de Manuel Machado cabría decir:”Mi Cádiz ya no es mi Cádiz, que es una ciudad cualquiera camino de cualquier parte”.

           

Por
José Antonio de Yturriaga