Mediante el Real Decreto 1514/2018, de 28 de diciembre, por el que se modifica el Reglamento General de Circulación, aprobado por el Real Decreto 1428/2003, de 21 de noviembre, se adoptaron medidas para reformar algunos aspectos propios del régimen jurídico de la circulación de vehículos. La Estrategia de Seguridad Vial 2011-2020 determina como objetivo principal que la tasa de fallecidos por siniestros de tráfico por millón de habitantes baje de 37. De entre todas las medidas estructurales adoptadas para solucionar el problema, hay una que es clave: reducir la velocidad en las carreteras convencionales.

 

El pasado día 29 de enero entró en vigor la reducción del límite de velocidad en carreteras convencionales a 90 km/h para lograr el teórico objetivo de reducir la siniestralidad vial, afectando a 1.802 kilómetros de carreteras convencionales. El coste de la reforma por el cambio de las señales es de 526000 euros para los contribuyentes, según lo indicado por Diario Motor.

Hay que tener presente que el 75% de los accidentes de tráfico se produce en las carreteras convencionales, debiendo destacarse que, de esa cantidad, el 20% se produce por conducir con exceso de velocidad. El problema es que, si muchos accidentes se deben al exceso de velocidad, carece de sentido que se deduzca el límite de la misma, pues habría que utilizar medios para evitar que se rebasen los márgenes de velocidad, que, al ser más bajos con la reforma, serán más fáciles de superar, con todo lo que ello implica.

Es posible pensar que el verdadero objetivo de la reforma de los límites de velocidad en las carreteras convencionales no es otro que el de facilitar la comisión de infracciones administrativas por los conductores que las recorren, de modo que pueda resultar más sencillo imponer sanciones pecuniarias con las que obtener dinero. A esa conclusión se puede llegar por el planteamiento realizado sobre las vías convencionales y por la consecuencia del razonamiento.

Deberían adoptarse decisiones sobre el estado general de las carreteras convencionales, que debe ser mejorado por lo deplorable de sus condiciones, que facilitan la producción de graves accidentes de tráfico.