La cloaca de Sánchez. España es una charanga. Un país de mentiras y corrupción con demasiadas páginas sucias.

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Opinión 11 Mayo 2022 137 Votos Correo electrónico Imprimir
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La cloaca de SánchezUna pareja de tramposos, y de oportunistas. Su objetivo es el poder por medio de la mentira.

El día antes de anunciar la Declaración Unilateral de Independencia (DUI), Puigdemont recibió a un colaborador de Putin. El artículo 581 y siguientes del Código Penal recoge el delito de traición. ¿Y la fiscalía? La democracia española es un esperpento; se indulta a los independentistas, se cambia el Tribunal de Cuentas para ahorrarles millones de euros, se alcanza el gobierno gracias a los votos de los que quieren acabar con el Estado, el servicio secreto los investiga legalmente y organizan una cortina de humo para cesar a su responsable.

Sánchez cesó a la directora del CNI cediendo a los independentistas, como tantas veces. Los hackeos al presidente y ministros son una excusa. Obama, Merkel, Macron y otros líderes sufrieron el mismo ataque y ni lo difundieron, ni cesaron al responsable de sus servicios secretos. Si no fuéramos un país de chichinabo este cese no se habría producido. Margarita Robles “salvo los muebles” exigiendo nombrar a una persona de su confianza. Los diputados “españoles” (los que defienden la Constitución, la Transición y la democracia) suman menos que nunca en el Congreso, pero serán más porque el PSOE no podrá mantener sus pies en las dos orillas, la constitucional y la que defiende la ruptura del régimen del 78. Los independentistas seguirán presionando y humillando al presidente, con él a todos los españoles y la ciudadanía se defenderá votando.

España es una charanga. Un país de mentiras y corrupción con demasiadas páginas sucias. Desde instituciones del Estado se defiende romper la nación vulnerando la ley. Si la nación está en riesgo, la democracia también. El nivel democrático se mide por diversos parámetros y la coherencia, hacer lo que se dice, no mentir y predicar con el ejemplo están en los libros de estilo de las democracias de primer nivel, la mayoría europeas. ¿Cumple España con estos requisitos? Rotundamente, no. En España la política es el arte de la mentira; lo que dicen y como lo dicen la mayoría de la clase política parece dirigido a menores de edad, analfabetos funcionales que es como la élite política feudal nos ven a la ciudadanía. El Gobierno plantea cordones antidemocráticos a partidos de centro y derecha (Cs, PP, VOX), que en situación de crisis lo tienen que apoyar frente a sus socios independentistas y bolcheviques. La corrupción, el cáncer más dañino para las democracias, es silenciada si ocurre en la secta propia y difundida exigiendo dimisiones si es en otra. Prácticas que a quienes vivimos la transición nos aleja de esta falsa democracia, transmutada en partidocracia o corruptocracia por los inmorales comportamientos y mentiras de su casta política.

El lema turístico de la década de los 60 “España es diferente”, sigue plenamente vigente. Existen muchas razones para controlar al CNI, pero no por vigilar al independentismo. No olieron las urnas, molestar a la querida del Emérito y maniobras contra policías nunca fueron corregidas. Tras el 11M destruimos los trenes en 48 horas y hoy, 30 años después, se buscan datos en dos coches del crimen de las tres niñas de Alcásser. Un informe de un organismo con independentistas y financiación opaca permite atacar al Gobierno, humillarlo, amenazarlo sin derribarlo porque lo quieren como está, debilitado. Cesan a la directora del CNI por intervenir legalmente teléfonos de quienes pretenden romper la unidad nacional contra la ley. Tras tantas decisiones inquietantes, si los independentistas aforados siguen maniobrando, incluso con gobiernos extranjeros para romper el Estado y la nación, se abren las puertas del infierno: ¿serán vigilados por el CNI o tendrán patente de corso concedida por el presidente del gobierno?

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