Desesperante

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Opinión 13 Octubre 2021 212 votos - Para Votar tienen que ser usuario registrado
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Los pueblos, incluido el español, tienen derecho a conocer su historia. Es erróneo hurtársela por consideraciones que no sean las de la propia veracidad. Resulta desesperante comprobar cómo se tergiversan las cosas. Atacar la leyenda negra se está entendiendo en sectores progresistas de este país como el equivalente a defender la colonización española y el genocidio indígena, si se quiere. Esos mismos que parece defienden los derechos de los pueblos, luego asimilan culturas extrañas que también han cometido genocidios, y lo que es peor, aún los cometen. 

Una cosa es reconocer el colonialismo de España en América, defender los derechos de aquellos pueblos, entender que los indígenas actuales tienen razón cuando plantean que fueron, y lo que es peor, siguen siendo explotados, y otra oponerse a las denuncias que desenmascaren la leyenda negra, sus causas y sus intenciones actuales, subrayamos actuales, que existen. Lo de pedir perdón se ha teatralizado tanto, que ni merece la pena mencionarlo. Además, es mejor cargar con la culpa que desembarazarse de ella hipócritamente.  

Por lo que se está viendo, la leyenda negra fue una vasta operación geopolítica destinada a sustituir un imperio por otro. No una búsqueda de la justicia y de la verdad. Sus autores jamás pretendieron defender a los indígenas americanos. A sus vencidos no los trataban mejor, Su finalidad fue atacar a la debilitada España.  

Los autores de la leyenda negra eran, como lo eran las clases altas españolas, los herederos de un genocidio realizado en sus propios países, similar al que denunciaban en extraños. La acumulación primitiva de capital (qué poco habla de ella el idílico capitalismo) fue la base del posterior capitalismo que ellos y nosotros asumimos y desarrollamos. Un largo episodio de violencia en el que hunde sus raíces el mundo actual. Luego vinieron los colonialismos, los distintos imperialismos, todo tipo de guerras mundiales de depredación, sin que haya leyenda negra francesa, inglesa, norteamericana, holandesa o italiana.  

Y esa leyenda negra se está resucitando interesadamente. Y los defensores de los indígenas radicados en EE.UU. y que se visten con los ropajes de aquellos indígenas, deberían preguntarse a qué viene tanta generosidad en un país que no ha firmado sesenta y seis convenios internacionales de carácter humanitario, entre ellos el Convenio sobre pueblos indígenas y tribales, 1989 (núm. 169). Quien tenga curiosidad puede encontrarlos en las páginas de la OIT, en Convenios y protocolos actualizados no ratificados por Estados Unidos de América. 

La izquierda española, una vez más, está cayendo en la trampa de una derecha entonces y ahora pasiva frente a la leyenda negra, pero activa en el desprestigio del contrario de dentro. La trampa se consumó con el secesionismo y ahora está ocurriendo con esto. Dentro de poco será la “izquierda separatista y antiespañola”, y cuajará, y veremos a españoles clamar contra los antiespañoles coaligados con las fuerzas extranjeras. Mezclar el desenmascaramiento de las leyendas de esas potencias protestantes que conservan cierta unidad histórica, como Holanda, el país frugal, que luego es un paraíso fiscal, con la defensa de la explotación de los pueblos, es un error histórico descomunal.  

Respecto al día de la Hispanidad hay que decir que resulta curioso que en EE.UU. se llame “Columbus Day” y conmemore la llegada de Cristóbal Colón a América. En EE.UU. es día de orgullo para la comunidad italoestadounidense. Harry Truman la festejó como tal. Pura actualidad. Por un lado se cortan las cabezas de Colón, y por otro, coherentemente, se pintan de rojo sangre las manos del español Junípero Serra. Y la cosa tiene sentido dentro del sinsentido: fueron los·”europeans white” (clasificación étnica actual en el país que excluye a los españoles) sus ascendentes, no los españoles.  

Profundizando en todo esto (por ejemplo, en revista El Basilisco, fundada por Gustavo Bueno) y sus ramificaciones, que son amplísimas, se ve el absoluto desconocimiento de historia que se padece en el país. 

Luis Méndez.  

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