LA JUSTICIA EN UN MUNDO INJUSTO

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Opinión 17 Junio 2021 240 votos
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El mundo está en constante evolución y progreso. Las formas modernas de comunicación y la electrónica progresan a un ritmo acelerado. Las nuevas investigaciones y los nuevos desarrollos que se producen, acarrean nuevas facilidades y comodidades a nuestras vidas diarias.


Esto demuestra que los humanos somos capaces de utilizar la inteligencia y la mente para hacer avanzar y aumentar la productividad, la eficiencia y el confort personal. Sin embargo, es causa de profundo pesar que en un momento en que la humanidad progresa a un ritmo tan rápido, a la vez se aleja y se divide cada vez más. La paz y la estabilidad del mundo está amenazada, y sometida a riesgos continuos. En algunos países, los líderes y los gobiernos no cumplen los derechos de sus pueblos y les infligen graves crueldades e injusticias.


Se ha desarrollado una tecnología de tal nivel que tiene la capacidad de hacer desaparecer naciones del mapa con sólo oprimir un botón. Por supuesto, nos referimos al desarrollo de armas de destrucción masiva capaces de infligir los horrores más inimaginables, la devastación y la destrucción. Estas armas que se están produciendo tienen el potencial de destruir no sólo la civilización de hoy, sino también dejar atrás un legado de miseria para las generaciones venideras.

Somos testigos de la doble moral e hipocresía en los distintos niveles de la sociedad, y la consiguiente falta de paz es una causa de mayor preocupación y pena por aquellas personas que sinceramente sienten el dolor de la humanidad. Como miembros de la Comunidad Musulmana Ahmadía Española, cuyo lema se basa en “AMOR PARA TODOS, ODIO HACIA NADIE”, este tema nos aflige y nos preocupa.

Como áhmadis musulmanes que nos sentimos, es una fuente de dolor para nosotros, que parte del desorden que está teniendo lugar hoy en el mundo, se centre alrededor de los “así denonimados musulmanes” y se asocie este caos con el Islam. Es una tragedia de proporciones gigantescas que estos “supuestos eruditos” busquen justificar falsamente sus actos llenos de odio y de malicia en nombre del Islam. En lugar de servir al Islam, todo lo que están logrando es difamar su nombre. La verdad es que el significado mismo de la palabra “Islam” es “paz, seguridad y amor”.

El Profeta del Islam (lpbD) dijo que “una persona debe desear para los demás lo que él desea para sí mismo”. Creemos que este principio atemporal es tan verdadero hoy como lo fue en el pasado.

Ciertamente, cada persona desea la paz para sí misma, y ser salvado de todas las ansiedades y preocupaciones. Cada persona espera tener los medios para vivir con comodidad y sin dificultades. Sin embargo, ¿cuántas personas o naciones, cuántos de nosotros, cuántos de nuestra región, cuántos de nuestra vecindad hay que realmente desean paz, prosperidad y éxito para los demás?

Dondequiera que haya un conflicto de intereses, la mayoría de las personas tienden a priorizar sus propios intereses y bienestar más allá de los derechos de los demás. Esto es cierto a nivel individual y también es cierto a nivel colectivo y nacional. Hoy día, en lugar de mostrar desinterés ante los problemas, tristemente tendemos a ver actitudes egoistas. Según el Islam, nuestro deseo y motivación para satisfacer nuestros propios intereses siempre debe estar en proporción por nuestro deseo y motivación para cumplir con los derechos e intereses de los demás. Si actuáramos así, este sería el principio de oro que desbloquearía la puerta hacia la verdadera paz y la seguridad.

El capítulo 4, versículo 59 del Sagrado Corán dice:

“En verdad, Al-lah os ordena devolver lo depositado a sus propietarios y que, cuando juzguéis entre hombres, lo hagáis con justicia. ¡Ciertamente es excelente aquello a lo que Al-lah os exhorta! Al-lah es quien todo lo oye y todo lo ve”.

Esta enseñanza es el modelo de democracia que defiende el Islam. En todas las sociedades existen confianzas y obligaciones mutuas para todas las personas, y para que la sociedad funcione con éxito, es necesario que los ciudadanos normales y los líderes cumplan sus responsabilidades recíprocas con verdadera justicia. Si se hubieran respetado estos principios dentro de las comunidades musulmanas que en teoría dicen seguir el Corán, entonces nunca habríamos visto los conflictos y la división que prevalecen en muchos países. Creemos que este principio coránico tiene un valor universal y es beneficioso en todo el mundo y no sólo en los países de mayoría musulmana. Los ciudadanos de todas las naciones deben tratar de elegir para sus parlamentos o asambleas a aquellas personas que crean que trabajarán para la mejora y el progreso de su nación. Éste debería ser el principio rector a la hora de votar por individuos o por políticas particulares, en lugar de limitarse a seguir líneas partidistas o relaciones personales.

De manera similar, no debería ocurrir que en las Naciones Unidas ciertos países ejerzan un poder e influencia indebidos, o que los miembros permanentes del Consejo de Seguridad se ocupen sólo de sus propios intereses y utilicen su poder de veto aun cuando esté en conflicto con los intereses de la mayoría. Más bien, todos los miembros de las Naciones Unidas deben trabajar juntos y cumplir el pacto de confianza en que se fundó la institución, para mantener la paz y la seguridad del mundo. Si todas las naciones e instituciones internacionales renuncian a un egoísmo estrecho por el bien colectivo, entonces los conflictos que están plagando el mundo naturalmente desaparecerán.

Tristemente, el mundo viaja actualmente en la dirección contraria, en el que los gobiernos denominados musulmanes han fallado a su gente, mientras que el interés propio se está convirtiendo en el sello distintivo de las grandes potencias y de los poderosos miembros de las Naciones Unidas.

A modo de ejemplo, y hablando del pasado, un conocido columnista, Paul Krugman escribió en el New York Times: “La guerra de Irak no fue un error inocente, ni una empresa emprendida sobre la base de inteligencia que resultó ser errónea. Las justificaciones públicas de la invasión no eran más que excusas, pretextos falsificados”. Por lo tanto, incluso aquellos que inicialmente apoyaron la guerra de Irak, o que han sido defensores de las Naciones Unidas, se han visto obligados a admitir sus errores y las graves consecuencias de sus acciones.

Algunas grandes potencias están vendiendo armas a los gobiernos autodenominados musulmanes, mientras que otros gobiernos están vendiendo armas a elementos rebeldes en los mismos países. Así, ambas partes están siendo alimentadas y armadas desde el exterior. Lo único que importa es que sus cheques sean buenos para que miles de millones se agreguen a sus propios presupuestos nacionales. ¿Cómo puede lograrse la paz en la Tierra en ese ambiente?

El capítulo 4, versículo 136 del Sagrado Corán dice:

“¡Oh vosotros, los que creéis! Sed estrictos en la observancia de la justicia, actuando de testigos por la causa de Al-lah, aunque sea contra vosotros mismos, vuestros padres y familiares. Sea rico o pobre, Al-lah está más atento a ambos que vosotros. No sigáis pues los bajos deseos para que podáis actuar con equidad. Y si ocultáis la verdad o la eludís, recordad que Al-lah conoce muy bien todo lo que hacéis.”

En este versículo, se ordena a los musulmanes a estar listos para dar testimonio contra ellos mismos y los miembros de sus familias, para establecer la verdad y para servir a la justicia. La lealtad de un musulmán a la verdad debe tener precedencia sobre todo lo demás.

Después, en el capítulo 5, versículo 9 del Sagrado Corán, Al-lah el Todopoderoso declara:

“¡Oh vosotros, los que creéis! Sed perseverantes en la causa de Al-lah en calidad de testigos justos; y que la enemistad de un pueblo no os incite a actuar con injusticia. Sed siempre justos, porque eso está más cerca de la virtud. Y temed a Al-lah.  En verdad, Al-lah es consciente de lo que hacéis.”

Habiendo instruido a los musulmanes a estar dispuestos a testificar contra sí mismos, en este versículo el Corán les ordena que sean imparciales y que sean justos con todas las partes, incluyendo a sus enemigos y oponentes. Este es el nivel exaltado de justicia defendido por el Islam, y, por lo tanto, si los gobiernos musulmanes de hoy no están siguiendo esta enseñanza es su culpa. Por lo tanto, sería totalmente injusto y equivocado culpar al Islam por las fechorías que comenten.

Además, al mundo Occidental se le puede reprochar que depende de ellos dejar de lado sus propios intereses creados y trabajar desinteresadamente por un futuro mejor y más brillante para nuestros hijos y las futuras generaciones. Si cada política que se aplica estuviera basada en los fundamentos sólidos de la justicia y de la integridad, entonces, automáticamente, los conflictos que han consumido el mundo se verían resueltos sin el recurso de la violencia, del derramamiento de sangre y de la brutalidad. Si realmente queremos la paz en nuestro tiempo, entonces debemos actuar con justicia. Debemos valorar la igualdad y la imparcialidad. Tanto musulmanes como no musulmanes debemos perseguir los estándares universales de justicia esbozados en el Sagrado Corán. Tal como el Profeta del Islam (lpbD) tan bellamente ha declarado, debemos desear para los demás, lo que amamos para nosotros mismos. Debemos luchar por los derechos de los demás con el mismo celo y determinación que luchamos por nuestros propios derechos. Debemos ampliar nuestros horizontes y mirar lo que es correcto para el mundo, en lugar de mirar lo que es correcto para nosotros. Estos son los medios para lograr la paz en nuestra época.

Seminario Web: “LA JUSTICIA EN UN MUNDO INJUSTO”. Día 24 de junio de 2021 a las 19:30. Inscripción: https://bit.ly/3zymCOe

Qamar Fazal.

Mezquita Basharat. 14630 PEDRO ABAD (Córdoba).

 Webs: www.ahmadia.es / www.alislam.es

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