Digan lo que digan cualquiera de los cuatro, son sus miedos particulares los que nos tienen bloqueados. El de Rajoy a la policía en Génova 13 de nuevo, a los arrepentimientos pactados con las fiscalías y a las portadas de cada día. Los de Sánchez e Iglesias a las tensiones políticas en sus partidos. Y a un nuevo y extraño fracaso electoral, a pesar de las encuestas, en el caso de Rivera.

Y es también el miedo común de los cuatro a dos cuchillas afiladas: O un gobierno de coalición equilibrista para un país de mayorías absolutas, absolutista o encarcelado, saquen las cuentas de los últimos 200 años, y al que esta vez le adornan un déficit anual que se suma a la deuda acumulada, más lo de Cataluña, por citar solo tres “virtudes” del momento, o el riesgo de nuevas urnas en junio con el PP mandando en funciones pero con poder real y riéndose de todos los demás desde ese privilegio operativo. Por esto es por lo que Rajoy no quiere desbloquear.

También podía haber titulado esto “Contra dos miedos que vienen se necesita un plan sencillo pero fuerte, y su gobierno”: Primero, para conocer con urgencia como está la economía y pedir los aplazamientos pertinentes. Segundo, para que este periodo funcional y breve lo gestionen políticos menos presuntos y distintos, que se vigilarán entre ellos contra abusos y mentiras. Y, tercero, para convocar nuevas elecciones. Pero esto último solo cuando los que quieren cambios hayan aprendido a evitar que los inmovilistas consigan 123 diputados y mayoría en el Senado. Y con esta ley electoral, porque no podrán cambiarla salvo que el PP se auto destruya, todavía difícil posibilidad.

Si se ponen de acuerdo en esto ya será bastante, y podremos consentir que nos sigan contando sus milongas para que los distingamos, esas que hablan de reformas imposibles con el 20D sentado en los escaños, y cobrando. De lo contrario, al menos dos de ellos quedarán como roedores que huyen del barco que tenemos, el mismo que se hundía cuando Montoro se lo dijo en 2010 a Oramas, la canaria, y que se sigue hundiendo al ritmo de ahora, digan lo que digan, como al principio.

 

Domingo Sanz