Hemos llegado a un punto tal que hasta los medios de comunicación que se sostienen con el sistema comienzan a apostar por aquello de que “de perdidos, al río” y cuando abro sus páginas imagino a manadas de lemmings de las que Disney nos contó que se suicidaban en masa, aunque la historia no era exactamente esa.

En “El País” hemos encontrado, durante los tres últimos días, los siguientes tres títulos consecutivos:

 

Los datos están mal. Los contagiados por coronavirus no son 56.188. Seguramente están más cerca del medio millón”, de Javier Sampedro.

El coronavirus causa más muertes de las detectadas”, de Oriol Güell,

Cada país cuenta los muertos a su manera y ninguno lo hace bien”, de Elena G. Sevillano.

Los tres análisis se apoyan en argumentos sólidos, y desde enfoques distintos. Por tanto, las informaciones de Sanidad y de la OMS podrían no corresponder a la realidad. De hecho, las pandemias se deberían definir, entre otras cosas, por la imposibilidad de conocer su verdadero alcance. Su realidad.

Pero, mientras tanto, se sigue investigando sobre el Coronavirus.

Acabo de recibir un interesante comentario que amplía una noticia firmada por Jacopo Ricca el 26 de abril en el italiano “La Repubblica”. Creo que merece la pena divulgarla porque somos 7.000 millones de solos ante dos peligros: el del Coronavirus uno, y el otro, la incapacidad de los líderes mundiales de aliarse en esta guerra, lo que facilita la expansión de la pandemia.

Además, no he visto interés por la noticia en los medios sistémicos.

Dice lo siguiente:

“Acaba de salir un estudio de la Universidad de Turín que muestra que los afectados por covid tenían, en su mayor parte, una falta de vitamina D.

Esto también explicaría el impacto de la epidemia en pleno invierno en el hemisferio norte, cuando las poblaciones tienen la exposición anual más baja a la luz solar, que es esencial para producir vitamina D.

Los científicos de la Universidad de Turín recomiendan tomar vitamina D para combatir la pandemia de coronavirus. El estudio de los profesores de Geriatría, Giancarlo Isaia e Histología, Enzo Medico, fue presentado a miembros de la Academia de Medicina de Turín, quienes consideraron los primeros resultados muy interesantes. El documento analiza las posibles causas de la infección por Covid-19 y propone que la vitamina D ciertamente no es una cura, sino una herramienta para reducir los factores de riesgo.

Los primeros datos preliminares recopilados actualmente en Turín indican que los pacientes hospitalizados por Covid-19 tienen una prevalencia muy alta de hipovitaminosis D. *La compensación por esta amplia deficiencia de vitaminas se puede lograr principalmente mediante la exposición a la luz solar tanto como sea posible, incluso en balcones y terrazas, comiendo alimentos ricos en vitamina D y, bajo supervisión médica, tomando medicamentos específicos*, dicen los investigadores.

El análisis, también llevado a cabo siguiendo las recientes recomendaciones de la Asociación Dietética Británica, investigó el papel que podría desempeñar la falta de vitamina D, que en Italia afecta a una gran parte de la población, especialmente a los ancianos, en esta pandemia. En el documento, los autores sugieren a los médicos, en asociación con las medidas preventivas generales bien conocidas, garantizar niveles adecuados de vitamina D en la población, *pero sobre todo en aquellos que ya están infectados, en sus familias, en profesionales de la salud, en ancianos frágiles, en huéspedes de residencias de asistencia, de personas en régimen cerrado y de todos aquellos que, por diversos motivos, no están adecuadamente expuestos a la luz solar*. Además, también se puede considerar la administración de la forma activa de vitamina D, calcitriol, por vía intravenosa en pacientes con coronavirus y con una función respiratoria particularmente deteriorada.

*Estas indicaciones derivan de innumerables evidencias científicas, escriben los profesores, que demostraron un papel activo de la vitamina D en la modulación del sistema inmune, la frecuente asociación de hipovitaminosis D con numerosas patologías crónicas que pueden reducir la esperanza de vida en los ancianos*, incluso más en el caso de la infección por Covid-19, un efecto de la vitamina D en la reducción del riesgo de infecciones respiratorias de origen viral, incluidas las causadas por el coronavirus y la capacidad de la vitamina D para neutralizar el daño pulmonar causado por la hiper inflamación”.

Hasta aquí el texto que he recibido sobre esta investigación.

Ni tengo acciones en laboratorios de los que hacen su agosto doce meses al año, y más con las pandemias, ni tampoco trabajo en la farmacia de mi pueblo, pero me consta que hablar bien de la vitamina D no es fantasía ni pecado. Y la información es fiable y de interés general.

Como decía, durante los últimos días han aparecido informaciones sueltas sobre investigaciones en USA, China o España. Pero tan breves que parecen sometidas al clásico secretismo que protege a las empresas privadas frente a su competencia. O, aún peor, como esa mala política “correcta” que consiste en ocultar los errores, a veces maldades, de quienes gobiernan instituciones.

Por ejemplo, es inadmisible informar que las UCI’s de seis CC.AA. estén saturadas y, en cambio, no contestar a la pregunta sobre los nombres de esos territorios. Fue lo que hizo Simón en su última rueda de prensa. Ni que la gente fuera a abandonar en masas sus confinamientos para incendiar los hospitales que no pueden atender toda la demanda.

En algún momento, supongo, el gobierno tendrá que dejar de colocar militares junto a Simón para que cada día nos cuenten las detenciones realizadas por incumplir la obligación de no salir a respirar aire libre, o de recordarnos que “el rey es el primer soldado”. En lugar de informarnos, por ejemplo, de lo que podría haber descendido el número de delitos habituales.

Como algunos mal pensados se lo tomarán como una derrota, no les resultará fácil a Sánchez y a Robles, en el supuesto de que se pongan de acuerdo, lo de ordenar a esos jefes que se retiren de las pantallas que han conquistado gracias a una “guerra” que, por fin, se presenta con posibilidades de victoria sobre un “ejército” extranjero, aunque se llame Coronavirus.

Es, pues, el momento de plantear una propuesta:

Para hacerlo fácil le quiero sugerir al presidente que, de momento, incluya en las mismas ruedas de prensa de cada día a un científico de prestigio que se encargue de una sección nueva: actualizar la información de los avances en las investigaciones sobre Coronavirus que se están realizando en todo el mundo.

Investigadores contra la pandemia, como los de Turín, merecen mucha más atención por parte del “sistema”. Es decir, de los gobiernos y de los medios de comunicación. Si millones de personas pudieran recibir una información seria y continua sobre esas investigaciones se podrían movilizar recursos privados para que no faltara financiación. Y también animaría a otros a investigar.

Pero, sobre todo, en una situación en la que decenas de millones estamos atrapados en nuestros propios domicilios, transmitir optimismo con fundamento es imprescindible para conseguir la victoria contra los fantasmas que comienzan a rodearnos.

Todo el mundo está cumpliendo la orden de quedarse en casa, pero cada día que pasa son más los sonidos que escuchamos en los que la gente se dedica a contar sus desesperaciones y sus miedos.

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