Anoche estuve hasta altas horas con amigos compartiendo ideas dentro de la legalidad vigente. Durante el día me había sentido insultado por una noticia que repetían y repetían.

 

Pude ver como las pantallas enseñaban a una niña de doce años sin proteger su cara de las peores miradas, como si fuera mayor de edad.

Y pude escuchar que su padre hablaba con ella, pero el tono de su voz denunciaba la farsa. Ningún padre jamás le diría nada de esa manera a un hijo suyo al que quisiera. No podía ser que estuviera hablando con ella.

Entonces entendí lo que le decía y descubrí que ese señor lo que estaba haciendo era darnos órdenes a todos nosotros, a usted también, usando a su hija como persona interpuesta.

Nos conminaba, sin vergüenza, a que sigamos sometidos a un papel escrito hace cuarenta años y bajo amenaza, entonces y ahora. Un texto que muchos millones, quizás también usted, queremos cambiar.

Si, quiero cambiar ese papel para proteger la cara de esa niña hasta que sea mujer. Y para que cuando llegue a esa belleza pueda hacer con su cuerpo entero lo que quiera. Y para que luche por la vida como las demás.

Y para que ahora pueda ser una niña.

Y para que su padre le hable siempre normal.

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